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El amor entre lesbianas es verdadero

El amor entre lesbianas es verdadero

Basta dos minutos con ellas para saber que el amor existe. Se siente y se ve apenas con saludarlas. Como en la reciente película de mujeres que plantea que Dios solo habla a través del silencio, tal vez el verdadero amor se manifiesta igual: Melissa y Madelyn no han dicho una palabra sobre su relación, no ha habido un gesto puntual de afecto, y ya uno sabe que se aman con una naturalidad que miles de parejas en el planeta quisiesen tener.

Melissa volvió a vivir en Chile después de completar su maestría en Historia del Arte en la ciudad de Nueva York y desde ese momento se dedica a la gestión cultural y a la producción de exposiciones y ferias de arte. Madelyn Sola es española, socióloga y criminóloga, y llegó hace siete años a Colombia. El día de hoy es intérprete en conferencias, congresos, misiones diplomáticas para no ir lejísimos.

Madelyn dice que aceptó salir en por la confianza absoluta que siente en Melissa con ella hago lo que sea, afirma, por su lado, decidió valerse de la ocasión para burlar prejuicios: No sé exactamente por qué razón acepté, pues soy una persona muy privada. Quizás me siento tan bien con Aurora que me dieron ganas de compartirlo y, al tiempo, avanzar la charla sobre el amor y la diversidad en Colombia.

Nos conocimos una noche cenando con amigos. La conexión fue inmediata. Recuerdo sentir mucha curiosidad hacia ella, como un magnetismo confuso. Creí que quería ser su amiga, más rápidamente me percaté de que la atracción iba considerablemente más allí.

El flechazo fue fatal. Era muy, muy bella, pero además de eso, vital, con una mirada desconcertante y una enorme fuerza en el pecho. Estuve cuatro días esperando a que me devolviera la llamada. Cuando lo hizo, me invitó a ir al campo. Ese fin de semana fue como un juego de esgrima, cada cual tanteando el deseo de la otra y el propio para entender qué estaba pasando entre nosotras. Me daba miedo ceder a esta mujer y a todo cuanto sentía, mas asimismo me emocionaba. En esos días no vimos muchas caras, más el último día de la semana al levantarnos estaba claro que había descendido sobre nosotras algún hechizo. Estábamos ebrias. Desde ese momento pasábamos cada rato libre juntas. No nos podíamos separar y no lo hemos hecho. Ya llevamos casi dos años.

Poder traer todo a la mesa. Todo es fértil y está en constante renovación.

El placer absurdo de pasarlo tan bien con alguien. También que siempre y en todo momento me esté desafiando a cuestionarme lo que tomo por hecho y a disfrazar menos la verdad. Es mi mayor fan, pero también mi crítica más aguda. Eso me mantiene en forma.

Categorizarse es perjudicial para la evolución y puede ocasionar inercia, ojo. Yo me enamoré de Madelyn. Puede que sea la única mujer con la que desee estar, puede que no. Ya antes de Melissa estuve enamorada de un gran hombre con quien asimismo aprendí mucho. No obstante, siento una totalidad en mi relación con Madelyn que no conocía.

La primera vez que una mujer me dio un beso supe que deseaba considerablemente más de es.

Quizás cuando viajamos a Irán me sentí en el clóset por vez primera. Fue bastante difícil no poder vestir como deseaba ni mostrar mi aprecio hacia Madelyn. Lo desquiciado es que en Van a ir la restricción se aplica para todo el planeta. Estar bajo las palpitaciones angustiantes de una opresión tan intensa te fuerza a ver los extremos ridículos a los que puede llegar la furia religiosa. En comparación con Van a ir, Colombia es progresiva y abierta, y espero que sigamos por ese camino.

Lo cierto es que uno sale del clóset muchas veces. Yo sigo saliendo, por ejemplo, cada vez que alguien me pregunta si tengo novio. En el momento en que me estaba dando cuenta de que tenía inquietudes que no eran heterosexuales fue incómodo pues me crie en un entorno muy cristiano en el que todo se evaluaba según libros hebreos escritos hace 2000 años. No obstante, con el tiempo me di cuenta de que la homosexualidad no es un inconveniente. Te da otras maneras de ver el planeta. El problema es de los que no tienen la información o bien la empatía para imaginar otras posibilidades. La sexualidad humana es maravillosamente diversa, tanto a nivel individual como colectivo. Hay sociedades aquí en Colombia en las que la norma es que los adolescentes sean iniciados sexualmente por mujeres mayores que están al otro lado de la menopausia y ellas les dan su conocimiento erótico. El taoísmo plantea algo similar.

Para mí, se expande el campo de expresión. En Colombia, las mujeres hemos sido condicionadas a ser el objeto de la mirada masculina: la mamacita, la consentida, la princesa, la que espera a que le caigan, la del rol pasivo. Esto desapareció estando con Madelyn. Un instante puedo ser fuerte, masculina y feroz; otro día, frágil, suave y femenina. Todo es bienvenido. La piel que habito se siente mejor que jamás y soy dueña de mi deseo. No creo que esto sea exclusivo a estar en una relación con una mujer. Cualquier relación saludable en la que los dos desarrollen sus cualidades tanto masculinas como femeninas puede permitir esto.

Cuando apreciamos alguna discriminación usualmente no lo tomamos como ofensa. Simplemente nos percatamos de que hay personas que tienen limitaciones o bien imposiciones culturales que no les dejan entender. Se vuelve una oportunidad para practicar la empatía. A veces es muy duro, sobre todo si el oprobio viene de alguien próximo. Aunque lo cierto es que también disfrutamos con incomodar a la gente, con hacerla pensar un par de veces.

Hemos tenido la fortuna de que nuestros amigos nos ven como individuos, no como paquetes de etiquetas mujer, lesbiana, blanca, rola. Es obvio que persisten nichos de rechazo, mas como La función de la naturaleza es producir diferencia. Esperamos que nuestra sociedad evolucionará para entender que esta es la aventura de la vida.

El amor tiene mil definiciones, pero con Melissa he aprendido lo que es el amor del embrujo: no estar ya como una adolescente loca de amor sino más bien dedicada a conocer a una persona y sentir que esa investigación merece la pena. Después de la primera vez que me emputé con ella y me sacó lágrimas, decidí quedarme, y ahí empezó la travesía de verdad. En algún momento el amor es una decisión: decido insistir, ver qué hay al otro lado de mi orgullo y mi egoísmo y continuar explorando posibilidades.

 

El amor entre lesbianas es verdadero

 

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