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La disminución del deseo sexual

La disminución del deseo sexual

En primer lugar vamos a hablar de los cambios en las hormonas, la hormona del amor se reduce cuando las parejas llevan más tiempo juntas. Al empezar su relación todo es mágico. Deseamos ver nuevamente a nuestro amor y pensamos en tener tanto sexo como nos sea posible. Más tras dos años o bien máximo tres, ayudada por otros factores que mentaré después caen y dejamos de ser unos conejillos acaramelados para pasar a apuntar el sexo con tinta roja en el calendario. Y esto, aunque sea usual, no quiere decir que sea positivo.

La hormona del deseo se encarga de que tengamos ganas de estar con nuestra pareja y practiquemos el deporte más ancestral que existe. La hormona del deseo desciende por la edad y también por los hábitos que llevamos. La buena nueva es que si activamos el ejercicio físico que nos demande un esfuerzo no vale con un paseo por el supermercado, sostenemos un descanso ideal y un cuidado en nuestra nutrición, la hormona del deseo puede subir. A mayor nivel de testosterona, más sexo, y un claro ejemplo de ello es que en los Olímpicos de Brasil la primera cosa que bloquearon los atletas fueron las cañerías por la enorme cantidad de conmutes que utilizaron en su estancia.

El Contacto y tacto, el contacto de pieles deja de ser usual. Hay parejas que dejaron de compartir en cama (sin importar si tienen cuarenta o bien setenta años) y no se acuerdan de su último clímax. Para estas parejas existen 2 finales posibles. O bien se olvidan de lo que es disfrutar del sexo, o en algún instante, procurarán a alguien para activarse sexualmente y recurrirán a terceras personas.

Discusiones matapasiones, Las crisis de pareja habitúan a dar como resultado que no haya espacio para la actividad sexual, el coqueteo y las caricias. Aunque ciertas parejas tienen otros comportamientos (discutimos por el hecho de que entonces en la cama nos arreglamos). La verdad es que cuando hay mal clima en la pareja, lo primero que se resiente es nuestra vida sexual. Si no hay buena comunicación, tampoco hay buen sexo. Así que le recomiendo que le vuelva a confiar a su pareja lo que quiere, fantasea y las cosas que lo vuelven ido en la habitación.

Nuestro cansancio y nuestras enfermedades pueden afectar nuestra frecuencia sexual. El agobio, la depresión, la ansiedad, o bien situaciones como la menopausia y el embarazo, cambian nuestra contestación sexual. Ciertos medicamentos como antidepresivos, antisicóticos y los anticonceptivos hormonales alteran nuestra hormona del deseo.

Hombres que ya no tienen hambre sexual y que renuncian a su vida sexual, dejando a sus mujeres sin satisfacción sexual. A mi modo de ver si una pareja no tiene sexo, se transforma en otra unión fraternal, tierna y preciosa, mas ya no se considera pareja. Desde el punto de vista, si no hay sexo, la unión de matrimonio puede cancelarse, a fin de que sepamos la importancia que tiene y ha tenido el sexo desde el principio de los tiempos.

La incidencia y prevalencia de los inconvenientes de deseo son difíciles de establecer. Diferentes estudios y autores no coinciden, sobre todo por divergencias en los criterios diagnósticos, y se confunden con cierta frecuencia los cuadros de falta de deseo y las aversiones sexuales. En lo que sí hay consenso es en que la ausencia de deseo es el inconveniente sexual más usual en la mujer y que al hombre, las personas que tienen este inconveniente acostumbran a formular excusas para eludir una relación sexual con su pareja. Prácticamente nunca se acuestan al unísono que su pareja, siempre y en toda circunstancia tienen alguna excusa pendiente: recoger la cocina, un programa bien interesante en la tele, un trabajo urgente, En ocasiones esa huida les supone un sentimiento de culpa, por no dar respuesta a un compromiso implícito y aumentan los nervios en la medida que se dilata el encuentro. Puede ser un trastorno de siempre o bien adquirido, extendido o bien situacional.

En el deseo sexual inhibido la falta de sentimientos eróticos lleva a ver la relación íntima como un hecho desagradable, incluso un castigo. Este problema es generalizado cuando no existe interés sexual hacia ninguna persona ni circunstancia, y situacional si no aparece interés por la pareja, más la persona se siente estimulada ante otras personas o ante la masturbación. Algunas veces, más que un deseo inhibido, puede existir simplemente una discrepancia en los niveles de interés sexual entre los dos miembros de la pareja, que tienen niveles de interés dentro del límite normal.

La queja sobre la falta de deseo sexual es común. Como causa más frecuente se nombra el alto grado de agobio al que las personas se ven sometidas en la vida cotidiana, donde todo acostumbra a estar programado, menos el disfrute sexual y la relación de intimidad con la pareja.

La vida familiar tiene sus condicionantes y la teórica equidad de género, en que hombres y mujeres comparten derechos y obligaciones, funciona más de puertas para fuera que en la amedrentad del hogar. Estas reminiscencias del modelo patriarcal constituyen la base de ese conflicto de rol y hacen que muchos hombres se sientan inseguros en su papel y defraudados por no tener una mujer que les resuelva la cuestión doméstica. Las mujeres, por su lado, se quejan de su doble función. En especial, las que tienen mayor cualificación laboral y también independencia económica proponen con claridad su falta de entusiasmo ante una convivencia de pareja, temiendo la carga que supone la responsabilidad doméstica, de la que tantos hombres saben bien cómo escaquearse. Datos del Instituto de la Mujer sobre el reparto de tareas domésticas apuntan a que el hombre dedica de media 1 hora y treinta y dos minutos a las tareas domésticas, en frente de las cuatro horas 2 minutos que dedica la mujer al día.

Otras veces, la falta de deseo se debe a problemas de relación como cuando alguno de los miembros de la pareja no se siente íntimamente vinculado al compañero. Hay personas que tienen graves dificultades para vincularse emotivamente, la cercanía les amedrenta y la fusión que supone el acto sexual les da vértigo. Estas personas suelen tener relaciones tormentosas, con grandes broncas y reconciliaciones, sin que exista ninguna lógica, puesto que el vaivén sensible se debe a la necesidad interna de proximidad y distanciamiento.

En otras parejas se suceden las luchas de poder, la pareja en la que parece que se está casado el uno contra el otro, en lugar de con el otro. En lugar de sumar, quitan. Están en pelea continua y su casa no es su hogar, sino un campo de minas frente al que no se puede bajar la guarda. En estas condiciones es un milagro que florezca el deseo sexual. En estos casos pueden aparecer capítulos intermitentes de deseo sexual inhibido. Otra de las causas de la falta de deseo es la elección.

La disminución del deseo sexual

 

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